Colgante pasado de fuego

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Una pieza de cobre se esmalta normalmente a unos 810º. En estos casos cada color se fija con precisión a la pieza previamente tratada. En el caso de este colgante, mi idea era otra. La idea fue mezclar varios colores, incluir fundente para permitir zonas traslúcidas e ir regulando el calor a una temperatura siempre más alta de esos 810º. Es un proceso muy laborioso, pero consigues que en el horno pasan cosas distintas: los colores cogen vida, se desparraman, forman degradados, se mezclan entre sí… y dan como resultado colgantes como este.

La cadena está bañada en plata. Esta vez tampoco repetiré diseño, así que pieza única, «uniquísima» además, porque aunque alguien quisiera repetirla con la misma mezcla de colores, el proceso nunca daría el mismo resultado, pues los colores responden de manera distinta ante el mínimo cambio de temperatura.